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De la necesidad de escribir

"que el verso sea una llave que abra mil puertas. Una hoja cae; algo pasa volando;(...) Estamos en el ciclo de los nervios.El músculo cuelga,Como recuerdo, en los museos; Mas no por eso tenemos menos fuerza:El vigor verdadero Reside en la cabeza."
Don Vicente

esas cosas

mientras leo una antigua carta

(A Matía Rubio)

Te vi extinguirte entre una multitud de rostros...

Eres el que sostiene la mirada y conoce mis defectos

Somo entonces ese fragmento

en la vereda contigua que nos distancia

esa raya dejada como nota en los libros que leíamos.

y tú dices mi nombre

con la fatiga de los trastos viejos

(¿Tendrías una voz de laguna agitada por el viento o un estridente alarido de bala golpeando el rostro inocente?)

Te vi tantas veces extraviarte en mis mares de congoja;

Te vi leerme,

sentarte con un cigarro,

beber un melodrama...

(es que confío mucho en mis imágenes)

extraño:

las batallas insanas,

la defensa de los trizados pétalos que alguien dejaba,

los carreras, los pactos, un todo.

Vi tus ojos en las manchas del pintor.

Entre matices y creaturas,

tus pupilas se asemejan

a las partículas de su Dios.

Te vi reflejado en ese mundo,

en esas tardes,

en esos rincones de provincia corroída por la pereza.

Te vi mucho antes,

como una brisa de viento frío

que cruzó mi cabeza en un verano olvidado,

mientras templaba mi rostro

y saturaba mi alma con la dicha de mi amada

(ella, la que cultiva palomas en mi cabeza)

Te parecías entonces al ocaso.

Y tú,

templanza de luciérnaga taciturna,

siempre velando por mis imprudencias,

mis letargos,

mis zapatos sin atar.

¿Te acuerdas de aquellas lágrimas, las frases, tu rosa y sus espinas (ARMA LETAL QUE TIÑÓ DE CRUDEZA EL INFIERNO)?

Te reconocí en ese silencio.

Palabras amarradas a la cobardía.

Actos de nobleza que se confunden

Que me confunde.

Siempre cubrías mi sombra con llaves

y yo,

confundiéndote con aquel de mirada de aeroplano.

Aquel que perdió su ruta,

camina fastidiado destrozando palabras,

midiendo sentimientos,

replanteándose el pasado, presente y futuro,

discute con su espejo

toma el metro,

deja de fumar,

olvida su nombre,

se inyecta la cabeza de nada.

En otras, te confundo

te veo como el extranjero adormilado,

quieto como los muertos,

soberbio, altanero, leal...

cuida mi camino,

tiende la mano, confía en mi.

¿Qué oculta entonces tu distancia,

si tu presencia sigue como rezo de mezquita?

Esos rostros, transparentes como ampolletas,

me hablan de amistad...

Entonces te busco entre la multitud, tu rostro extinguido por las palabras,

la muerte que aquieta la rabia

quédate en silencio y lee mis palabras.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

que simpleza...

me admiro de esas palabras que hace tanto tiempo no escucho... si solo te hubiera escuchado efren... no estaria con este sentimeinto tan arraigado en mi pecho


escribes hermoso...
te quiero mi viejo amigo

un abrazo
Alex