Blogalaxia

De la necesidad de escribir

"que el verso sea una llave que abra mil puertas. Una hoja cae; algo pasa volando;(...) Estamos en el ciclo de los nervios.El músculo cuelga,Como recuerdo, en los museos; Mas no por eso tenemos menos fuerza:El vigor verdadero Reside en la cabeza."
Don Vicente

esas cosas

CARTA DE MIQUE (Robada por un caballero que orgulloso ve una vaca comer cochachuyo)


el lunes, me fui a vivir al campo, con la St...
eso si, a campos diferentes...


ella al suyo, y yo al mio....
Sólo llevé mi mochila llena de chocolates, porque consideré que sería un producto difícil de conseguir por esos lares; una polera de muda, el sweater que tejí hace un par de años, el impermeable que no pude usar en chiloé y un par de calzoncillos; un shampoo, desodorante y, obviamente, mi cepillo de dientes.
El lugar era muy especial, una casa de adobe, con un fogón en la cocina. Habían muchos árboles, un bosque sobrenatural de eucaliptos que impregnaban todo el lugar con su aroma. Habían unos aromos también, pero los corte para usarlos como leña (Había mataba dos pájaros de un tiro,porque evitaba que la pea anduviera derramando mocos, si es que me iba a visitar algún día)
Había una pradera hermosa para plantar, así que sembré porotos, choclos y maravillas; las maravillas para venderlas y, por si me quedaba sin chocolates, entretenerme masticando sus semillas; Los porotos, solo porque este verano me quedé con las ganas de comerlos con mazamorra. También planté tomates, pero era raro comerlos sin arroz y como la st. estaba cultivando esos granos orientales, le mandé señales de humo para que hiciéramos un trueque.
Lo pasé super bien, a pesar de que estuve solo, porque el gato con botas tenía cosas que hacer en Santiago. Lo extrañé mucho, sobre todo un día que se puso a llover con tormenta eléctrica incluida.
Fue en esa ocasión que sentí un golpeteo en la puerta de la casa y cuando fui a ver quien era, me encontré un cachorro san Bernardo empapado y muerto de hambre, así es que aproveché que estaba mojado para bañarlo. Nos fuimos juntos al río que pasa detrás del bosque de eucaliptos, jugando bajo la lluvia, y nos dimos un chapuzón en el agua fría; con shampoo, lo limpié entero, y luego lo llevé a la casa para secarnos cerca del fuego. El perrito se quedó varios días en mi casa; me ayudaba a cuidar las gallinas y los gansos que me regaló una señora que vivía cerca (bueno, ni tan cerca); la señora pasaba cada tres días y me traía mermeladas caseras, manjar, a veces empanadas de horno.
Me sentía bien levantándome temprano a recoger los huevos, bañarme en el río y después, el huerto; revisar como estaban los choclos, desgranar porotos, ir a buscar agua al pozo; el olor de la tierra húmeda, el humo del fogón, el ruido de la lluvia en el techo por las noches.
Lamentablemente, el despertador sonó, y tuve que volver a la triste realidad. Estoy súper bien, tranquilo y contento, un poco chatito con la pega. ¡cada día añoro más el día de terminar la universidad y poder renunciar al banco!.
Recordé que es importante a veces decir que se les extraña... sobre todo a las personas que uno no ve tan seguido... por que a "los chikillos", o "compañeros", uno los ve periódicamente y comparte cosas en común: con algunos, la u, con otros el trabajo y con los menos, sólo las ganas de estar ahí cuando se cuecen las habas...
A veces el contexto nos separa y acota las posibilidades de compartir. Estamos tan ocupados con nuestras cosas (unos más que otros) que ni siquiera ponemos en la agenda una junta con los de la vipro, o los de la esso, o que se yo...
Pero siempre se les recuerda con cariño...
Ahora, yo estoy súper bien... feliz con mi gato con botas, disfrutando cada momento posible... tratando de que los procesos ni los turnos 6x1 no debiliten el entusiasmo de los ex rotaractianos...
Mi abuela esta mejor, ya esta en la casa hace dos semanas, se le quito lo pálida y tomo conciencia de que debe subir de peso y hacer todo lo posible por mejorarse y volver a hablar...
mi mama, batallando como siempre, sin muchos cambios en su rutina; y mi hermana mas chica, que tiene chocha a toda la familia con su condorito que ya va a cumplir cuatro meses de gestación...
Extraño esos cafés para arreglar el mundo en la calle Londres... los pitcher en la Plaza Ñuñoa, las travesías hasta la parcela de la lolo, las clases de natación y las travesías por la laguna de la quinta. Las noches de cine comestible, las terapias de cariño y los masajes rotaractianos en la playa...
Solo me resta decirles que los quiero mucho. y que espero verlos algún día en mi casa del campo!!

2 comentarios:

Catha dijo...

Y Onirik cuando?

Anónimo dijo...

un abrazo enorme
para un caballero al que estimo desde mis adentros



Alex